Nuestra estancia en la UCIN fue de 62 días duros y otros menos duros, pero siempre mirando con optimismo la llegada de cada día; el sumar días y restar días de estancia en ésta.
Nuestro hijo estuvo intubado sólo un día, que esto es una cosa bastante positiva, dentro de lo malo, ya que te advierten que una intubación prolongada supone riesgos para el bebe. Siempre te cuentan las cosas negativas que puedan surgir, para que en todo momento estés preparado para que sepas que existe la posibilidad tanto de lo bueno como de «lo malo».
Nuestro hijo tuvo una evolución bastante buena, y en tan sólo una semana pudimos comenzar con el método canguro. El primer día lo hizo mi marido, a mi todo este tema me asustaba muchísimo y realmente me daba bastante miedo que sacaran a mi hijo de la incubadora y que pudiera pasarle algo, en nuestra presencia. Yo ese día preferí pasar como cada día a la sala de lactancia, dejar la leche en el cajón y salirme a la sala de espera, achacando que estaba resfriada y que mejor no entrar por si las moscas…
Estaba sola en la sala de espera cuando la enfermera que ese día atendía a mi hijo salió a buscarme y me obligó a entrar, cosa que le estaré eternamente agradecida. Solo me dijo, «aprovecha porque cuando estés aquí en medios y en mínimos no podrás entrar siempre que quieras, y a tu bebé no le va a pasar nada malo, así que no me cuentes milongas y ahora mismo para dentro». Al día siguiente, fui yo quien hizo el canguro con nuestro hijo, nunca he disfrutado más en mi vida…
Todo el proceso fue muy bien, tan solo un enterocolitis, donde tuvieron que poner a dieta al bebé y algún que otro ciclo de antibióticos, mas que nada, preventivo, con algunos parones en la carrera que estaba disputando mi hijo, para coger fuerzas y continuar con la marcha, seguir sumando y restando.




